"VOZ APENAS" (Buenos Aires: Ediciones del Dock, 2011): reseñas y comentarios.

"voz apenas", por Jorge Larrosa. 
(Contratapa del libro). 

Una poética (y una ética) de la mirada que insiste, justamente, en la dificultad, en la casi imposibilidad, de mirar. Porque trata de enunciarse desde los ojos y no desde las “perspectivas” ni desde los “puntos de vista” ni, en general, desde las diversas posiciones de un “sujeto” que se pone, o se impone, en su modo de mirar.

Una po/ética de la mirada, además, que no se enuncia desde la luz, la iluminación o la transparencia, sino desde la amorosidad, desde una vinculación corpórea que no está del lado de lo que es inteligible, de lo que quiere saber o comprender o interpretar, sino del lado de lo sensible, de lo táctil, y, por tanto, de lo efímero, de lo que apenas roza o se desliza, de lo que apenas toca, de lo que apenas es tacto o contacto. Una mirada que lucha, a veces airadamente, contra toda idealización, contra toda óptica, contra toda la imaginería de la visión o de la visibilidad para ser, apenas, caricia. 

Una poética (y una ética) del decir que insiste, justamente, en la dificultad, en la casi imposibilidad, de decir. Y eso, lo que apenas puede decirse, lo que siempre queda por decir, eso es, justamente, lo que imposiblemente se escribe. En una escritura, además, que lucha contra la anulación de la voz en esa lengua de nadie que, antes de hablar, ya lo sabe todo. Por eso se trata aquí de un escribir po/ético siempre impropio que lo único que tiene o, mejor, que en lo único que se sostiene es en un cuerpo deshilachado pero, eso sí, de carne y hueso, al que le sale, de las entrañas, una voz mínima y balbuceante, una voz apenas. 

Un mirar y un decir corpóreos pero, al mismo tiempo, capaces de convocar en el lector un cierto desvío, un vértigo mínimo, un leve estremecimiento, una conmoción del alma (o del ánimo): apenas ese intangible que, a veces, se llama pensamiento. 

Jorge Larrosa, Barcelona, abril 2011. 


(Fotografía: Iván Castiblanco Ramirez). 


Una lectura de Voz apenas de Carlos Skliar, por Juan López.
(Texto leído durante la lectura de "voz apenas" en la ciudad de Mendoza, en agosto de 2011). 

Se percibe en el aire, en algunos aires, en algunas respiraciones, algo así como un regreso del “humanismo” a la literatura y particularmente a la poesía. Después de un siglo de vanguardismos y pos-vanguardismos más o menos digeridos, negados, procesados, reciclados, disfrazados, se vuelven a ver signos de palabras cercanas a lo que a mí me gusta denominar “humanismo”. Aparecen, además, unos poetas en posición de mostrar sus oscuridades y abismos, pero también con gesto de comunicar.

Sigo anotando: una detención especial en los dolores primarios, los miedos cruciales, los odios y los amores expuestos sin retorcimientos ni exageración. El señalamiento de las numerosas y multiformes violencias y las posibles formas de resistirlas y piquetearlas.

Yo “detecto” ese humanismo en ciertos tonos de ciertos poetas. Principalmente, pienso que este humanismo se relaciona sobre todo con el concepto de piedad, en contraposición a sus opuestos relacionados: crueldad, rencor, revancha, resentimiento. Pero no se trata de una piedad inocente o postural sino, al contrario, de una piedad pensada, defendida y trabajada, es decir consciente, lo que no necesariamente quiere decir controlada. Esto creo notar en Voz apenas, de Carlos Skliar (Buenos Aires, Ediciones del Dock, 2011).

A la palabra humanismo le sumo la palabra humildad. No humildad como timidez del yo en un mundo hiperyoico. Más bien como necesidad de no alejarse, literalmente, del humus. Del suelo, de su fertilidad y su capacidad de referencia, ante discursos que se ofrecen como esclarecedores, refundadores o salvadores. Humildad del poeta, que contrasta en un mundo de escritores y personajes afectados por la enfermedad de la importancia.



Hay en la poesía de Voz apenas una búsqueda de empatía, de registro del “otro”, que surge de esa posición de apertura de la voz. Voz que se expone y que también contagia abrirse. Apertura remite inexorablemente a desamparo. Alma a la intemperie pero no para que se la lleve el viento o el primer discurso a medida que produzca la máquina cultural o política. Apertura, pienso, atenta y exigente.

Voz apenas va y viene todo el tiempo desde el muy adentro de lo no verbal o preverbal hasta los afueras que exigen toma de posición. Son ochenta poemas, unos más breves que otros, de versos cortos que producen un “efecto” de lectura de horadamiento. La virtud, la clave del verso, se sabe, es el blanco que queda a la derecha de la mirada, en la página, o en el aire, el silencio, cuando se produce la pausa para el verso siguiente. Los versos cortos, los cerca de cinco mil versos de Voz apenas, forman un insistente repiqueteo sobre la conciencia y categorías anexas: inconsciente, subconsciente, vigilia, sueño, delirio, utopías sostenidas o abandonadas y sobre todo realidad y realidad por venir. Esta palabra, “realidad”, junto con la palabra “humanismo” parecen haber vuelto a ocupar, sin sonrojarse, a algunos de nuestros poetas. No es poco meterse sin pruritos ni poses con “las realidades”, atreverse a jugar en serio con lo que pasa más allá del círculo que solemos trazar con las propias palabras. 


Como dice Robert Juarroz, “hay que ponerle pruebas a la realidad, para ver si resiste”.

Cito ahora algunos versos del libro, y con esto ya termino:

1. 
Se sabe
que la mezquindad
penetra
Hace estragos
en los sitios más oscuros
que no son los del infierno
sino los de la tiesa vida

¿No es acaso
oscuro el día en que
lo más amado
revela su gesto inerte?

¿Oscuro el aliento voraz
de lo dicho a tus espaldas?
¿Oscuro el tiempo nulo?
¿Oscuro el mundo vanidoso?
¿Oscura la verdad
que pretenciosa
acaba por deshacer
toda pretensión de intimidad?

Se sabe que el único modo
de sobrevivir
es ignorar ciertas cosas
disimular casi todas

O si es mejor
eludir la memoria
disuadirla para
que deje de ser
tan tosca
tan oronda

Y así poder
seguir escuchando
cómo es pasado el presente
cómo es presente el futuro
cómo es insondable
casi vientre
nuestro escondite porvenir


2.
La página
está hundida

Está decaída
está distraída
está corroída



Por la cómplice
nadería universal

Se sabe que el mundo es una sucesión de imágenes
de zumbidos de estallidos de tullidos
que desaparecen por gracia de gentiles presentadores
envueltos en cuerpos diseñados de antemano


A velapluma y después de leer al Poeta Carlos Skliar, por Arturo Córdova Just.
(Texto leído durante la presentación de "voz apenas" en Ciudad de México, 2011). 


Devolver a la palabra su capacidad de agitación. Hacerla atravesar por el asombro, sea el sentimiento y también el relámpago iluminando los rincones.

Poesía, la de Carlos Skliar, para comprender al lenguaje desde la emoción que lo sobresalta, lo empuja a regresar a su estatura de ser vivo, de espejo para delinear nuestro rostro y darle nombres por donde la sangre corra.

Pienso, con Carlos Skliar, que al existir miramos. En la poesía, el punto de inflexión es vencer las resistencias, el blanco es el contorno del aquí y el ahora.

Para perdurar, así lo creo, la poesía se atrinchera y exalta el presente, hace del instante una expresión de lo divino.

Considero que Skliar busca una poética para permanecer en la lucidez de la infancia, en los ojos que por primera vez se encuentran y observan el mundo que los observa, porque el saber no se puede aquilatar si no va acompañado de la sorpresa. Luchando por la plenitud, el poeta sabe que cada día es un principio.

Así, la poesía de Carlos Skliar, peleando por ir a un saber más allá del saber, por toparse con un derrotero nuevo y devenga imperioso no sólo experimentar, sino crear la realidad. Nutrir al mundo. El Poeta, al inconformarse lo vuelve a inventar.

Entendida como una forma de combate, la poesía de Carlos Skliar aspira a resucitar a los muertos y pugna porque los vivos se pongan a vivir. Poesía para enfrentar a los monstruos de la razón.

(Fotografía: Iván Castiblanco Ramirez).
Sí, una escritura donde las palabras recuperen el magma terrestre y sean, por fin, apariciones, señales para iniciar una revuelta y aprender que una frase es antes una pulsión, una actividad volcánica sentida a partir de caminar, de compartir con alguien la furia de estallar en mil luces al fondo de nosotros mismos, en la espesura de los contrastes, interrumpiendo la mecánica de un mundo que insiste en el resfrío, en emitir mensajes de auxilio desde su taquicardia.

Acaso la poesía de Carlos Skliar está siendo escrita para emerger de los abismos en que vivimos o, por el contrario, para hallarles sentidos y navegar con soltura en ríos subterráneos.

Tal vez Carlos Skliar desee que su poesía tenga el papel de lograr que las palabras se cumplan, no se encharquen en las promesas rotas, no estigmaticen el valor del silencio y oír el sonido del amor, del odio o de la indeferencia.

Escritura, entonces, para ver lo que sentimos, derribar la mentira, percatarse de lo oculto detrás de las apariencias, escaparse del vacío y celebrar lo que vendrá, buscando en el lenguaje poético la recuperación de la juventud, del afecto como un equivalente de la curiosidad, de la inmersión hasta lo más hondo desafiando al cielo y rescatar a las palabras de los controles mediáticos y las redes de la burocracia.

Poesía para ir al grano, llamar por su nombre a los seres y las cosas, para liberarla de los recurrentes prejuicios de la cosificación.

Acaso, para Carlos Skliar, cada poema sea un manifiesto, una posición frente al mundo y al lado de quien más amamos.

Se requiere coraje para escribir poesía. Es ya, en su más intensa vertiente, una expresión de rebeldía, es plantar cara al horror faccioso del pensamiento único.

Intuyo que Carlos Skliar pretende sacarla de lo rutinario, indagar con ella, que funcione como una forma de lo filial o del rechazo, de la duda o de los perfiles más bellos y dolorosos de la tesitura humana.

La actitud de un poeta, supongo que así lo siente Carlos Skliar, implica despojar al poema del polvo de la actualidad, de la compulsión por la coyuntura. Celebrarla desde lo íntimo, desde un territorio propio y así volvemos a tocar, a desnudarnos de conceptos.

El poeta actúa a favor de una perspectiva propia, siente con todos, pero su primera fidelidad es consigo mismo, es quien alza la mano para alcanzar una idea como si tomara un rayo y lo convirtiera en espada.

Así, la poesía puede ser un arma a favor de los desesperados, de los que no se acomodan bien en el silencio inducido y quieren alcanzar su voz, multiplicada por la riqueza en quien se atreva a explorar el útero de la tierra y las galerías más secretas del ser. Poesía como un asunto de quienes nutren al mundo de nuevas percepciones, de quienes cruzan a nado las aguas de los sueños y han aprendido a conducirse en las turbulencias.

El poeta es un viajero. Arde en llamas negras, limpia su espíritu para que brille con la verdad. El poeta, así sugiero que lo percibe Carlos Skliar, es el ser que aparece cuando nos quitamos la mordaza. 


"Voz apenas", por Ana Arzoumanian. 

Terminé de leer tu libro "Voz apenas" cuyo diseño de tapa creo que dibuja lo que sucede en todo el poemario. Voz apenas apenas voz. Siguiendo la gramática el vocablo apenas delante del verbo se utiliza en frases positivas y en negativas cuando el apenas se coloca detrás del verbo. Así, ese espejo del "voz apenas apenas voz" determina el pasaje de la negatividad a la afirmación. Sin embargo, la gramática hablaba de verbos, y aquí el apenas: casi no, acompaña a un sustantivo: la voz. Enseguida que, inmediatamente: apenas. Casi no: apenas.

Apenas, derivado de pena, que hace referencia a la tristeza o a la aflicción, pero también al penar. Penar de penitas, pero penar también de punir, de castigar, de corregir.
Qué se pena? Por qué se pena? Skliar pena aquello que no puede desoír, lo que no se desdice. Porque enseguida comenzado el libro (apenas) inmediatamente ahí, celebra lo que puede desoirse, lo que comienza a desdecirse.

Como una "palabra que nombra y esconde su piedra", apenas en lo brevísimo de la voz aparece lo que no se sabe, lo que no sirve. Nada de "soberbias", apenas, apenas, tan cerca del "acaso acaso" de Lewis Carrol. Un "hay" heideggeriano imposiblemente escrito. ¿Por qué hay absolutamente algo en lugar de haber nada? Algo apenas. ¿Por qué el por qué? Un por qué en una voz desobediente que no sabe cómo nombrar, y nombra (apenas). Y lo dejá ahí. Para que el lector tome esa posibilidad y también pueda imposiblemente responder a su posible pregunta. Porque no hay respuesta más que un desoír.

Voz, como un bramido, una evocación, un canto, homofónico de vos, esa segunda persona del singular, ese tú, al que uno se acerca, apenas, y le da un nombre. "Yo soy tú" decía Celan..."vos apenas" sería la versión de Carlos Skliar.

Estas cuestiones despertaron tu libro, querido Carlos, tu poesía que teje con delicadeza un destejer. Una Penélope al revés, una Penélope que desteje mientras espera.


(Fotografía: Iván Castiblanco Ramirez). 

Te agradezco el regalo de tu poesía, Carlos.

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